martes, 30 de agosto de 2011

Poesía en tiempos de smartphone

No soy poeta, eso que quede claro. José Alfredo Jiménez y Ronaldinho tampoco lo fueron, pero la poesía habita en lo que hacían. No me parece necesario que debamos poseer un certificado como vate (en ciernes o peso pesado) para leer o escribir poemas. No. La poesía es y debe ser de todos. Ser un bien público, pero a la vez, un placer doméstico.

Afirmo, sin temor a equivocarme, que todos pensamos o incluso escribimos poemas. Pero los escondemos o los desechamos, ante la certeza de que, al no ser poeta (cualquier cosa que eso sea), a nadie le interesarán.

Jeremías Marquines lo define bien: “Tal vez podríamos regresarle un poco del glamour de la vida a la gente que, ante la falta de poesía, lee otra cosa. Creo que eso es lo que hace falta. Los poetas, parece, están en su nube de Gokú, escriben para otros poetas, buscan agradarle a tal o cual fulano, especializarse en el verso abstracto, el verso transitivo, el verso fuchi fuchi. La poesía es popular, así nació y así debe ser. Hay que regresarle su sentido original, su utilidad”.

Desde hace años he coleccionado estos pequeños fragmentos narrativos de vocación poética, cuya utilidad personal hoy comparto con el ánimo de alguien más los disfrute, dado que la poesía es un goce, más que un género literario.

Sin embargo, los comparto en Código QR, porque tal sistema de almacenamiento de datos se ha convertido en una moneda corriente en estos tiempos de globalización informática. Tal vez el intercambio de información mediante códigos sea el comienzo de la lectura del futuro, en el cual habrá aparatos que lean por nosotros. Por eso los poemas que comparto están en código, como un ejercicio preparatorio (o aviso de alerta) de lo que podría ocurrir.

Noches de Yerba será publicada en papel dentro de pocos días, su tiraje será limitado y se distribuirá de manera gratuita.

Para decodificar los poemas desde el teléfono celular (que deberá tener instalado un code reader; si no lo tiene, hay muchos que son gratuitos): hay que capturarlos con la cámara y esperar a que los descifre.

Desde la computadora: descarga la imagen o copiar su URL y cárgala en un decodificador en línea.

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Paul Medrano

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