Mostrando entradas con la etiqueta Paul Medrano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Medrano. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de agosto de 2011

De lo impopular de la poesía popular

[Respuesta repuesta a Paolo, al son de la negra Tomasa, en voz de José Neque, acompañado de su propio güiro]

Estimado Paulo:

Da gusto encontrarse poetas que escondan la mano y tiren la piedra en un solo acto, y que, además, tengan ideas y estén dispuestos a morir por ellas o, por lo menos, a discutirlas, que lo único que parece eterno es el conflicto [y mire cómo me parafraseo, a dos manos]. Me alegra ser su amistad, amigo acomodador de historias. Pero, en realidad, estamos discutiendo en el aire si no concedemos que poesía es poiesis, es decir lo creado de la nada por el hombre, lo sacado de la manga o del sombrero, con los fines que usté guste y mande, aparte de los gustos y disgustos y modas y modos de cada cabeza es un mundillo. Porque, ¿qué será eso de "la poesía como tal"? Si usté cree que la poesía no anda por Lágrimas y Risas o por la Biblia, no tengo más que pensar que: o no ha leído la Biblia, como tampoco Lágrimas y Risas y El libro vaquero, o entendemos de manera diferente lo que es la poesía. ¿Por qué habrá poesía en los finos y elegantes quiebres del Ronaldito y no en los mencionados o en Rigo Tovar, que mal me gusta? En fin, ¿quién define qué es o que no es poesía, poiesis? Porque no todos sentimos sesudamente o de modo culto ni ante el mismo poema o ante la misma obra; hay quienes escuchan Brillas linda y orgasmean en seco, concediéndole el estatus de poesía como tal, producto de un acto creativo y de la chiripada y del cálculo de Güichito, su compositor, y le aseguro que ese placer, ese disfrute no es menor ni distinto al que experimento escuchando Wish You Were Here, sobre todo porque me recuerda a una novia que nunca tuve y que apenas me confesó que ella también me quiso, pero ya lo escribió antes un autor extranjero.

Sus poemas, los que me envió hace unos meses, me gustaron, como le expresé. Ahora, no critico lo que escribe ni sus poemas ni el proceso suyo ni si publica o no y dónde y cómo y cuándo, sino lo extrapoético, lo que dice más allá de sus poemas, porque no entiendo por qué tildar a la poesía de popular o pretender que sea para los desposeídos o para todos los hombres y las hembras y sus matices intermedios sino sólo para los lectores que tengan ganas y quieran disfrutarla [No podemos, por decreto o meras ganas, propugnar porque todos lean poesía o querremos convertir a México en un país de lectores, y ya ve cómo terminan haciendo agua esas buenas obras]. Creo que términos como popular y tradicional, por muy que los usemos, son inasibles, términos-comodín que no ayudan a entender el sí y el no de los lectores o escuchas o espectadores o etcétera. Que debamos ser leídos todos los que escribimos y los que han escrito y los que escribirán, vale; pero hay filtros que no dependen de quienes escriben sino de mecanismos como los circuitos de comercialización y de difusión de lo publicado, de políticas públicas de los estados-nación, de la educación impartida por esos estados, de las modas y de los juicios y prejucios de los publicadores de libros, etc. Para popularizar la poesía, además, se requeriría que todos los que escriben poemas, los poetas, los que escriben poesía, los creadores, todos los creadores (músicos, futbolistas, streatipistas, cancioneros, pintores, cantantes, performanceros, e infinidad de ellos) tuvieran un solo, único y exclusivo lenguaje, en principio, lo que atenta contra la naturaleza de cada "género" o "casta poética", dado que no es lo mismo hacer radio que elaborar cazuelas de barro o jalarle las tres cuerdas a la guitarra, además de impedirlo el talante de cada creador, porque a unos nos da por escribir a la antigua y a otros a la moderna y a otros les importa tres peniques.

En fin, hay mucho que decir y escuchar sobre esto, aunque estas conversaciones debiéramos hacerlas ante un par de vinitos o chelucas. Desafortunadamente, hace meses no pudimos concretar su visita a este pueblo para presentar su novelita, pero espero que tengamos tiempo para retomar esa idea y concretarla, además de invitar a otros cuates a acompañarnos y platicar de este y otros asuntillos, que al fin y al cabo por muy saladas que estén nuestras palabras de todos modos sirven para condimentar esta amistad y estos intereses comunes.

Suyo de usté desde el fondo de mis querencias,

Yope.

Contestación al buen Elpidio Colón Noyola

[respuesta únicamente autorizada para leerse en línea, de preferencia, con música de OV7, aprovechando su reencuentro]

Mi querido Elpidio Colón Añorve Zapatuelos, conde de Cuajinicuilapa e inventor de la hamaca de hilo negro:


Primero sorprendióme y alegróme, su repentino despertar a la farandulilla de la poética estatal, tras el ostracismo inducido al que se somete. Y cuando digo que me alegro, lo digo con el corazón en la mano, dijera este poeta tan popular que es Juan Tavarez, por ser yo, admirador de su potencial semántico y su entrega al coleccionismo de viniles.

A mí no me daría pena ser poeta, pero no lo soy. Decirle lo contrario, sería mentirle, y eso, querido amigo, no lo haré. Yo sólo soy un acomodador de historias y me siento orgulloso de ello.

Me llevó un tiempo animarme a juntar y compartir con algunas personas, todas las versiones anteriores de Noches de yerba. Insisto, debido a mi incapacidad poética, el libro de marras camina más cerca por la oscura senda de la narrativa, que el de la poesía (sendero luminoso que por cierto, visito muy poco).

Animarme a publicarlo fue otro show: pero me convencí cuando supe que sólo existirán no más 100 ejemplares, así que no hay de que preocuparme: pocos lo leerán.

Decir que algo es popular, también es: "tradicional que el pueblo considera propia", como los cantares populares de los que usted es insige promotor. Porque la chilena, la cumbia arrecha o los corrideros de la Costa Chica tampoco tienen nada que ver con la democracia, pero eso no le quita que usted los sienta suyos. Porque si no fuera así, no perdería su tiempo en entrevistas a Guillermo Sandoval, Juan Bernal, ni toda la cultura popular de su región.

Es probable que para usted que sí es poeta (popular, para mí, como se lo hice saber a Marquines hace unos días y él coincidió, en parte, conmigo) no tenga peros en publicar aquí y allá. Sin embargo, el estracto de la entrevista del Jere, fueron palabras que acabaron por animarme (algo que también se lo hice saber al Jere, sin fellatiode por medio; nomás nos damos besitos de cariño de hombres, pero no nos la mamamos) para publicar el mentado poemario.

Ahora mal, usted critica la sesuda reflexión del Jere, pero la justificación acerca de que la pobrecita gente anda en busca de poesía en El libro vaquero o Lágrimas y risas, se debe precisamente a que, como dice Marquines, la poesía como tal se alejó de la gente y se refugió en los altos templos de la intelectualidad mexicana. Si la poesía nació de los hombres, debe volver a los hombres (y las mujeres, of course)

De mis lecturas, de mis pelis, de mis rolas y de mi vida, hay cosas que voy guardando para mí. Son las cosas más populares, al menos para mi venereable espíritu. Son mis pinjantes. Y decidí compartir algunos de ellos. No más, no menos.

Me parece, y permítame parafrasearlo, que confundió "ética con épica". Ojalá y no me equivoque.

O tal vez tenga razón: lo único eterno es el conflicto.
--
Su amigo
Paul Medrano

pd-tomar una buena foto es complicadísimo; para decodificar un QR se requiere del 2% de las neuronas que usa para tomar una foto. De ahí que advierta que en un futuro, alguien leerá por nosotros. Vamos, inténtelo una vez más, yo sé que podrá.

De lo popular de la poesía popular

Carta a Paul Medrano [para leerse con música de Juan Grabiel]

El escritor nunca sabe lo que va a pasar con su texto;

el poeta siempre está expuesto a los lectores y a la crítica,

pero debe ser así,

porque la poesía no existe sin el interlocutor.

Eduardo Lizalde

(multipremiado poeta impopular)

Si tuviese que nombrar a un poeta popular de los de ahorita nombraría al michoacano Alberto Aguilera Valadez, muchos de cuyos versos embonan a la perfección con los sufrimientos y dolores sentimentales de unos dos o tres chingos o más kilos de mexicanos y de paisanos de lengua e idioma, de éste y de todos los continentes que los contienen. Alberto es heredero de otros poetas cuyos versos también fueron degustados de boca en boca y utilizados para calentarle los oídos a muchas mujeres que decidieron darlas, ya recalentadas, después o en el momento de escucharlos en voces, las muchas veces, impostadas; me refiero a poetas populares como el nayarita Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz o el excelso cosmopolita Félix Rubén García Sarmiento, nativo de Nicaragua. Los tres comparten una relevancia social mayor que la de otros poetas considerados importantes para ese ente no determinado llamado presuntuosamente poesía española, como Neftalí Ricardo Reyes Basoalto y su Residencia en la Tierra, Vicente García-Huidobro Fernández y su Altazor, César Abraham Vallejo Mendoza y su Trilce, Luis Carlos López Escauriaza y sus De mi Villorio y Posturas Difíciles, o José Julián Martí y Pérez con su Versos Libres; en contraste, de los tres, sólo la obra del último tiene tanta importancia como relevancia social, es decir, equilibra ambos, lo que resulta envidiable para cualquiera que pergeñe versos.

Y más allá de que Jaime Sabines no me gusta -por políticamente correcto y mal poeta, excepto por tres o cuatro poemillas y poemotas-, sé que es un escritor muy leído, sobre todo por los chilangos, pero no podría sumar ni la nanécima parte de escuchas o lectores que tuvieron y tienen los tres mencionados primero. Aunque, ya hablando de poetas cercanos, por los muchos premios recibidos, e internacionales que sean, y por las tantas publicaciones de sus librillos, entre nosotros ni siquiera Eresmía Marquines puede jactarse de ser poeta popular, es decir, su relevancia social es nula o escasa, es un poeta para poetas, pues, como dice que le disgusta ser. Según el no tan joven poeta novel Paulo Del Capomo en Flor, Marquines escribió: “Tal vez podríamos regresarle un poco del glamour de la vida a la gente que, ante la falta de poesía, lee otra cosa. Creo que eso es lo que hace falta. Los poetas, parece, están en su nube de Gokú, escriben para otros poetas, buscan agradarle a tal o cual fulano, especializarse en el verso abstracto, el verso transitivo, el verso fuchi fuchi. La poesía es popular, así nació y así debe ser. Hay que regresarle su sentido original, su utilidad”, y que por ello habría que propinarle una tremenda fellatio en agradecimiento a tanta luminosidad intelectiva o algo así. Por cierto, creo que, de Marquines, ni su propia mujer ha leído, aunque sea en defensa propia, sus libros más de tres veces, ni siquiera uno; y anoto esto para fundar mi juicio de que aunque pueda parecer un poeta importante, su relevancia social es menos cero, incluso en su universo íntimo.

Yo sospecho que las gentes no son tan pendejas -los pobres, pues-, ni apenitas lo son: leen y escuchan y miran lo que les da placer, les confiere significado a su existencia y les sirve para constatar que sienten, aman, piensan y son, y que se parecen a otros seres, con quienes se identifican a través de los versos aunque no puedan, no sepan o no quieran escribirlos, más allá de los glamures habidos y por habérseles. Es decir, por muy pobre que sea un iletrado o por muy iletrado que sea un pobre, siempre encuentra versos que agenciarse, sepa leer o no, o aunque solamente lea El Libro Vaquero o Lágrimas y Risas o la Biblia de los masones. Por otro lado, no sé si la poesía nació siendo popular, sospecho que no, pero, más allá de esa genealogía imprecisa, creo que no debiera utilizarse un concepto social para calificar a la poesía o, al menos, esa calificación debiera hacerse con tiento y no a tentadillas.

Decir que algo es popular es proponer que pertenece o se refiere a una clase social: los pobres, pero la poesía (de Ronaldito o de José Alfredo, qué más da) no es un asunto de pobres ni de ricos sino de lectores y/o espectadores y/o escuchas y/o et all (retomando la idea de que la poesía no sólo se manifiesta a través de versos). O como sugiere un teórico español, en este sentido, el clímax de la poesía es su relevancia social, es decir, qué versos o poemas o libros o creaturas artísticas (por ludir extendido el abanico) son leídos, escuchados, espectados, contemplados, dichos, mencionados, impresos, publicados, reproducidos, etc., por qué y por cuántos grupos humanos y de qué tamaño. O sea: entre más eventos propicie un poema, mayor será su relevancia social, así sea que esos eventos ocurran entre ricos, clasemedieros o pobres (por usar una figura triangular), o janseítas. Así, el poemario más relevante es la Biblia, aunque algún lector reaccionario piense que qué chingaos es eso de la poesía ante esta afirmación.

Lo cierto es que tampoco es la poesía un asunto de democracia, o para todos, o un bien público. Un bien público, casi casi, o unos versos para todos, aunque no hayan sido escritos democráticamente, son muchos de los creados por Alberto El Michoacano (y anoto sólo unos de mi preferencia, influido por mi momentáneo talante sentimental): en este mundo nadie es indispensable o …soy insensible a heridas de amor,/ jamás exclamo un ay de dolor, donde se encuentran un lenguaje depurado y una gran significación semántica del sentido inmanente en su interior, logrando que signo y significado simbioticen de modo perfecto su fondo y forma, y que forma y fondo interactúen tanto en lo profundo como en lo inmediato para condensarse en un poderoso logos de significado y signo universales, además de sintetizarse formidablemente la filosofía budista en estos dos últimos, o la soberbia de un cabrón que de lengua se muerde un plato con tal de no delatar su adolorido amor despreciado. O, ya de plano, los cuasi universales y yo trato de olvidarte,/ vida, quiero olvidarte,/ y yo no sé cómo te olvido, hermanos carnales y sentimentales del yo no lo sé de cierto,/ lo supongo del jodido chiapaneco.

Pero ya excedí los mil caracteres que impone el editor para un textículo tan sin relevancia social, aunque seguir escarbando en este tema sea un inenarrable placer doméstico del tipo de los masturbatorios, y mejor me detengo aunque aquí me alcance, no sea que caiga de su gracia y me inmerja en mi desgracia. Por cierto, yo sí soy poeta y no me da pena. Y para constatarlo escribo aunque sea malos poemas que ni apenas leo, los que nadie espera para darle caché a su memoria RAM, por si a alguien le interesa.

Posdata: Estimado Paolo, no pude leer tus poemas en línea por no tener la tecnología necesaria ni el tiempo de ocio requerido para ello. Espero y confío en hacerlo antes de que El Ángel de Guerrero termine de exterminar el analfabetismo de los más de trescientos mil renuentes que pululan, los iletrados, excluidos de la dichosa futurística poesía cibernética. Entre tanto, le rezo a San Vito Poeta para que detenga el tiempo y me lo dé, tiempo, y dineros, para que me ponga a tono, yo, lector irredomado, con la nuevas tendencias difusionistas de la poesía a través de la popular Internet (con el tan popular código QR y toda la cosa) y no quedar al margen de tan popular placer doméstico. Reciba mis saludos contextuales, y mi aprecio. Por cierto, dice uno que no me acuerdo cómo se da en llamar que vale la pena hacerle caso al cuento y no al cuentista.

Aviso al lector despistado: http://revistareplicante.com/literatura/poesia/poesia-en-tiempos-del-smartphone/.

Poesía en tiempos de smartphone

No soy poeta, eso que quede claro. José Alfredo Jiménez y Ronaldinho tampoco lo fueron, pero la poesía habita en lo que hacían. No me parece necesario que debamos poseer un certificado como vate (en ciernes o peso pesado) para leer o escribir poemas. No. La poesía es y debe ser de todos. Ser un bien público, pero a la vez, un placer doméstico.

Afirmo, sin temor a equivocarme, que todos pensamos o incluso escribimos poemas. Pero los escondemos o los desechamos, ante la certeza de que, al no ser poeta (cualquier cosa que eso sea), a nadie le interesarán.

Jeremías Marquines lo define bien: “Tal vez podríamos regresarle un poco del glamour de la vida a la gente que, ante la falta de poesía, lee otra cosa. Creo que eso es lo que hace falta. Los poetas, parece, están en su nube de Gokú, escriben para otros poetas, buscan agradarle a tal o cual fulano, especializarse en el verso abstracto, el verso transitivo, el verso fuchi fuchi. La poesía es popular, así nació y así debe ser. Hay que regresarle su sentido original, su utilidad”.

Desde hace años he coleccionado estos pequeños fragmentos narrativos de vocación poética, cuya utilidad personal hoy comparto con el ánimo de alguien más los disfrute, dado que la poesía es un goce, más que un género literario.

Sin embargo, los comparto en Código QR, porque tal sistema de almacenamiento de datos se ha convertido en una moneda corriente en estos tiempos de globalización informática. Tal vez el intercambio de información mediante códigos sea el comienzo de la lectura del futuro, en el cual habrá aparatos que lean por nosotros. Por eso los poemas que comparto están en código, como un ejercicio preparatorio (o aviso de alerta) de lo que podría ocurrir.

Noches de Yerba será publicada en papel dentro de pocos días, su tiraje será limitado y se distribuirá de manera gratuita.

Para decodificar los poemas desde el teléfono celular (que deberá tener instalado un code reader; si no lo tiene, hay muchos que son gratuitos): hay que capturarlos con la cámara y esperar a que los descifre.

Desde la computadora: descarga la imagen o copiar su URL y cárgala en un decodificador en línea.

--
Paul Medrano

Seguidores

Datos personales

Mi foto
Cuajinicuilapa, Guerrero, Mexico
Un trazo, un juego de luces y sombras, colores, formas, palabras... imágenes